Una tarde de invierno, como cualquier otra. Andaba por la acera mirando hacia el suelo, contemplando como pisaba las hojas caídas de los árboles mientras de fondo escuchaba las risas de mis amigas. Sonreí para mis adentros, me encantaba escucharlas, saber que están a mi lado. De repente, una de ellas tuvo la idea de ir a algún sitio para refugiarnos del frío y tomar algo.
Caminábamos tranquilas, sin prisas. Teníamos toda la tarde para nosotras. Entramos en un sitio que parecía estar bien. Me senté en un sofá, cerca de una pequeña sala de juegos que había justo al lado. Y de repente, lo vi.
Sí... Era él, no tenia ninguna duda. Él estaba allí. Jugando con sus amigos y compartiendo risas con ellos.
Me quedé paralizada. No sabía que hacer.
Qué caprichoso es el destino... Pensé. Nos ha unido justo aquí... Como si no hubiera más sitios.
De pronto, me miró. Le miré, y ambos compartimos una sonrisa.
Sentí un escalofrío por el cuerpo, un cosquilleo. Esa cosa que te entra cuando ves a alguien que es algo especial... Sentía la necesidad de estar con él.
Iba pasando la tarde y poco a poco me empecé a dar cuenta de que no me quitaba la mirada de encima. ¿Era impresión mía o es cierto? La verdad, no sabía que pensar. Hasta que una de mis amigas me lo confirmó.
Pasó la tarde tan deprisa... Justo cuando me iba a ir, escuché mi nombre por detrás. Su voz...
Me giré, y él estaba ahí, a unos centímetros de mí. Me quedé congelada en ese sitio.
- Tenemos que hablar. - Me dijo.
- ¿De qué? - Pregunté, nerviosa. Aunque creía que no se me notaba.
- De nosotros.
- Qué... quieres decir de nosotros?.
- Sé que sientes algo por mí.
En ese momento no sabía que decir. No me salían las palabras de mi boca. Mi voz estaba entrecortada. Suspiré y decidí hablar.
- Que... Quién te... Te ha dicho eso... - No podía dejar de tartamudear.
- Tu mirada. - Me sonrió.
...
Cuando se dio cuenta de que no me atrevía a hablar, me cogió de las manos y siguió hablando.
- Y... Aunque no lo parezca, me gustas. Me gustas mucho... .- Sostenía la mirada fija en la mía.
...
- ¿Por qué me has tenido tanto tiempo esperando?.- Pregunté, con lágrimas en los ojos.
- Porque quería asegurarme de que tú sentías lo mismo por mí. De que esto es verdadero, que este sentimiento me está volviendo loco...
Nos miramos. Y de repente, pasó.
Sus labios rozaron los míos, suavemente. Me perdí en sus besos, en sus brazos. Hasta no saber donde estaba ni qué hora era.
Me perdí en su amor, en su cariño, en su olor.
En ese momento desearía que el tiempo se parase, que estuviéramos él y yo, y nadie más... Pero, por desgracia, esto es la vida real.
Ese momento jamás lo olvidaré, siempre recordaré ese día en el que mis amigas decidieron ir a aquel sitio donde nos dimos ese beso.
Tal vez, estaba destinada a estar allí. Tal vez, mis amigas son las guías de mi destino.
12 de noviembre de 2010
25 de septiembre de 2010
Así es mi vida...
Y aún así, sigo aquí sentada... Viendo como pasa la vida ante mis ojos, o más bien, mi adolescencia.
Y los segundos pasan, las horas pasan, los días, las semanas... Y sigo preguntándome. ¿Qué hago con mi vida? Casi siempre siento que no encajo aquí, ni aquí ni allá ni en ningún lado. ¿Dónde está mi sitio, mi lugar?...
Por más que lo busco, no lo encuentro por ningún lado... ¿Seré yo la equivocada? ¿Me siento así por alguna razón o sin motivo ninguno?...
Son tantas preguntas sin respuesta... Que nadie podrá responderme, y me siento sola. Sola... Esa es la palabra. Sola e incomprendida. Sí, así me siento.
Salgo a la calle, me río, me divierto. Pero no es la vida que yo quería tener. Esta no es la que yo quiero. Porque parece que para todo se necesita algo, alguna regla o ley en cada momento. Y realmente, la vida no es así.
Yo quiero una vida distinta, totalmente diferente a las demás que tengo y he tenido. Quiero una vida en la que pueda sentirme valorada, en la que me apoyen y me animen a hacer lo que quiero. Sí, esa es la vida que yo quiero. Y triunfar, triunfar y seguir triunfando.
Pero por desgracia, hay muy pocas posibilidades de que pueda tener una vida así. Ésta es mi vida y es la que me ha tocado, pero no la quiero...
Ojalá que hacer lo que quieres en la vida fuera tan fácil como equivocarse.
Y los segundos pasan, las horas pasan, los días, las semanas... Y sigo preguntándome. ¿Qué hago con mi vida? Casi siempre siento que no encajo aquí, ni aquí ni allá ni en ningún lado. ¿Dónde está mi sitio, mi lugar?...
Por más que lo busco, no lo encuentro por ningún lado... ¿Seré yo la equivocada? ¿Me siento así por alguna razón o sin motivo ninguno?...
Son tantas preguntas sin respuesta... Que nadie podrá responderme, y me siento sola. Sola... Esa es la palabra. Sola e incomprendida. Sí, así me siento.
Salgo a la calle, me río, me divierto. Pero no es la vida que yo quería tener. Esta no es la que yo quiero. Porque parece que para todo se necesita algo, alguna regla o ley en cada momento. Y realmente, la vida no es así.
Yo quiero una vida distinta, totalmente diferente a las demás que tengo y he tenido. Quiero una vida en la que pueda sentirme valorada, en la que me apoyen y me animen a hacer lo que quiero. Sí, esa es la vida que yo quiero. Y triunfar, triunfar y seguir triunfando.
Pero por desgracia, hay muy pocas posibilidades de que pueda tener una vida así. Ésta es mi vida y es la que me ha tocado, pero no la quiero...
Ojalá que hacer lo que quieres en la vida fuera tan fácil como equivocarse.
21 de septiembre de 2010
Noche estrellada.
Noche...
Noche apagada, estrellada, nubosa. Noche silenciosa... Noche en la que los recuerdos te invaden, no te dejan dormir.
Allí estaba yo, en el mismo sitio de siempre y a la hora de siempre. Sola, como siempre. Sentada en las rocas contemplando el crepúsculo de aquella tarde tan bonita, pero dolorosa a la vez.
Recordando que ese día, podría estar acompañada. Pero no. Y entre lágrimas vi como el sol desaparecía del cielo, recibiendo así la noche de ese domingo tan inquietante.
Las lágrimas no cesaban, y resbalaban por mi cara hasta llegar a mi boca, provocando así un sabor salado y amargo en mi. Suspiré, una y otra vez... Preguntándome así el por qué te alejaste de mi camino.... ¿POR QUÉ? Me pregunté a mi misma. Pero sabía que aunque lo gritara a los cuatro vientos, nadie respondería a esa pequeña pregunta, pero tan grande a la vez... Y llena de dudas.
Contemplaba la noche pasar ante mis ojos, como las estrellas iban apareciendo a causa de la oscuridad de la noche. Algunas más luminosas que otras, incluso adoptaban formas muy peculiares.
De pronto, vi una estrella diferente a las demás. Una estrella fugaz.
No me dio tiempo a nada, ni siquiera a reaccionar.
<<Dicen que cuando pides un deseo a una estrella fugaz, éste se cumple.>> Pensé.
Yo nunca creí en esas cosas, pero ese día sólo necesitaba una mísera esperanza para salir de ese túnel oscuro, de esa cueva tan grande, de este vacío que tenía dentro de mi.
Cerré los ojos, muy fuerte. Tan fuerte que me hacía daño, pero no me importaba. Pedí un deseo, con muchas ganas, con mucha fe, con mucha fuerza, con mucha esperanza. Estuve así un pequeño tiempo...
De repente, escuché una voz a mis espaldas. Esa voz que siempre está cuando la necesito, que me hace sonreír, esa voz tan bonita, llena de alegría y vitalidad. Sí, era él.
Sólo sé que en ese momento, me volví y lo abracé, tan fuerte que no quería soltarlo jamás.
Sí. Mi deseo se cumplió, llámalo casualidad o milagro. Pero él estaba ahí, para hacer desaparecer esas lágrimas y crear una sonrisa en mi cara. Una sonrisa de esas que hacen que veas todo de manera diferente.
Por que un amor puede durar un tiempo, mientras que una amistad toda la vida.
Un mejor amigo, nunca te fallará, y siempre sabrá donde buscarte.
Nunca dejes que la tristeza te pueda, siempre hay alguien a tu alrededor que querrá hacerla desaparecer.
Noches que nunca se olvidan, noches que son totalmente diferentes. Noches especiales para compartir con alguien especial.
29 de agosto de 2010
Perdona si te llamo amor
Noche de ventanas entreabiertas para recibir un atisbo de primavera. Noche de colchas que protegen y recuerdos que dejan dudas y un sabor un poco amargo en la boca. Doy vueltas y más vueltas...
A veces, el pasado hace que las almohadas resulten incómodas. Pero ¿Qué es el amor? ¿Existe alguna regla, una manera, una receta? ¿O es todo casual y sólo queda esperar a ver si tienes suerte? Preguntas difíciles mientras el reloj señala la medianoche.
Y comprender que tal vez amar es otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día. Y se lo dices, se lo dices a él. Y eres consciente de que hay respuestas que quizá deberían cambiarse.
Es preciso partir para volver a encontrar el camino...
Dos lágrimas resbalan despacio, casi tímidas y preocupadas por no manchar la almohada. Me abrazo a ella... Y por un instante, me siento protegida por esa colcha que me separa del mundo.
La almohada me resulta incómoda. Como un pensamiento puntiagudo colocado debajo del colchón.
Silencio... Ese silencio pleno. Profundo. El silencio de los besos... Ese que habla de sueños y fábulas, de tesoros escondidos. Los más bellos. Y yo lo sé. Y mientras aprieto con más fuerza la almohada pienso que quizá el amor verdadero llegará tarde o temprano.
Un amor de esos... Hecho de risas y bromas, de miradas que despiertan la llama del amor, de sonrisas que terminan en un beso... Sí, eso es amar.
Puede que sea preciso viajar antes de saber cuál es la meta adecuada para nosotros. Quizá cada vez que amas sea la primera.
A veces, el pasado hace que las almohadas resulten incómodas. Pero ¿Qué es el amor? ¿Existe alguna regla, una manera, una receta? ¿O es todo casual y sólo queda esperar a ver si tienes suerte? Preguntas difíciles mientras el reloj señala la medianoche.
Y comprender que tal vez amar es otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día. Y se lo dices, se lo dices a él. Y eres consciente de que hay respuestas que quizá deberían cambiarse.
Es preciso partir para volver a encontrar el camino...
Dos lágrimas resbalan despacio, casi tímidas y preocupadas por no manchar la almohada. Me abrazo a ella... Y por un instante, me siento protegida por esa colcha que me separa del mundo.
La almohada me resulta incómoda. Como un pensamiento puntiagudo colocado debajo del colchón.
Silencio... Ese silencio pleno. Profundo. El silencio de los besos... Ese que habla de sueños y fábulas, de tesoros escondidos. Los más bellos. Y yo lo sé. Y mientras aprieto con más fuerza la almohada pienso que quizá el amor verdadero llegará tarde o temprano.
Un amor de esos... Hecho de risas y bromas, de miradas que despiertan la llama del amor, de sonrisas que terminan en un beso... Sí, eso es amar.
Puede que sea preciso viajar antes de saber cuál es la meta adecuada para nosotros. Quizá cada vez que amas sea la primera.
23 de agosto de 2010
Montaña rusa.
Es increíble la de vueltas que puede dar la vida...
Y ya nada es lo que parece!
Pensé que ahora todo sería diferente, los años pasan... Y la gente cambia, pero jamás pude llegar a pensar que me pasaría lo mismo...
Estoy confusa, adormecida, con ganas de llorar... Pero no puedo, ya lloré bastante y no me quedan lágrimas.
Definitivamente debo reconocer que me volví a equivocar...
Todo parecía que iba para mejor, hasta creí que vivía en un sueño! Pero me caí de la nube... Otra vez.
Debí darme cuenta pero no lo hice.
Por qué tiene que pasarme siempre lo mismo?
Estoy cansada... Yo sé perfectamente que la vida no es color de rosa, pero tampoco tan vacía...
Estoy cansada... Yo sé perfectamente que la vida no es color de rosa, pero tampoco tan vacía...
Y sé que nada volverá a ser como antes, que todo ha cambiado. Aunque después todo esté bien, volverá a pasar y así sucesivamente...
Todo ha cambiado.
La vida da muchísimas vueltas, subidas y bajas... Como una montaña rusa.
Gotas de lluvia
Andaba aturdida, confusa, desonrientada…
La lluvia caía sobre mí y no parecía importarme, aunque estaba helada, calada hasta los huesos. Mis lágrimas se juntaban con las gotas de la lluvia, y, por un momento, me sentí viva… Llena de vida. Sonreí para mis adentros, suspiré y seguí caminando mientras chapoteaba en los charcos, fingiendo que no me pasaba nada.
<<Todo pasará>>, pensé, <<esta pesadilla acabará…>>.
De pronto, me abrumaron la necesidad de mis palabras… ¿Y si esto no terminase? ¿Y si estoy condenada a esta mala suerte de por vida?
No.
Caminaba cada vez más y más deprisa, como si llegara tarde a alguna parte. Pero iba sin rumbo, no tenía intención de ir a algún lado.
La lluvia fue cesando, ya no caía tantas gotas, aunque ya estaba empapada. Me senté en un banco, cerré los ojos y lentamente alcé el mentón de manera que los pocos rayos de sol que habían me acariciaran la cara. Me relajé bastante escuchando el sonido de la lluvia caer, o por lo menos, de lo que aún seguía cayendo… Relajaba bastante oír como las gotas caían rápidamente hacia abajo y chocaban contra el suelo dejando charcos por las calles.
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